La química de los tatuajes

  • Los componentes de los pigmentos, la manera cómo la tinta marca el cuerpo o la forma de borrarlos son algunos de los aspectos más desconocidos en lo referente a los dibujos en la piel

Una de las muestras de tatuaje que se exponen en 'Tatuadores, tatuados', en el Museo de las Civilizaciones del Quai Branly (Propias)

 Comparte en Facebook  Comparte en Twitter 

 122 

 5

SANDRA VICENTE

 31/07/2015 18:02 | Actualizado a 03/08/2015 08:19

El delantero del Barça Lionel Messi ha dado que hablar en las redes sociales con su nuevo tatuaje en el brazo derecho: símbolos florales rojos que preceden a una especie de roseta gótica en el codo, de la que surge un gran reloj de bolsillo que alcanza la muñeca. El futbolista argentino es uno de los millones de personas que deciden grabar una imagen en su piel. ¿Cuál es la química que se esconde tras este arte corporal?

Los tatuajes han sido una parte importante de la identidad de muchas culturas desde hace siglos: los Maoríes en la Polinesia o los Dayak en Borneo ya decoraban sus cuerpos con motivos tribales en la primera mitad del milenio pasado, una tradición que se ha mantenido a lo largo de los años y se ha extendido por muchas otras sociedades, aunque las técnicas y los ingredientes han variado sustancialmente hasta llegar a la actualidad. En un principio, los colores se conseguían con elementos naturales como cenizas o corteza de árbol para el negro, el cobre para los rojizos o la planta Isatis para el azul (¿Recuerdan el maquillaje de batalla de Mel Gibson enBraveheart?).

Actualmente, los colores se consiguen con pigmentos artificiales suspendidos en una solución líquida, ya sea agua, extracto de plantas o diversos tipos de alcohol. Esta combinación de elementos hace que la composición de distintos tatuajes puedan no tener nada que ver.

PUBLICIDAD

inRead invented by Teads

Si la epidermis se regenera por completo en un plazo de entre dos y tres semanas, ¿por qué los tatuajes son permanentes? La respuesta tiene que ver con el sistema inmunitario y las agujas que inyectan la tinta; un grupo de cinco alfileres -en caso de querer perfilar- o siete -si son para rellenar-, que perforan la piel entre 50 y 3.000 veces por segundo, atravesando la epidermis hasta llegar a la dermis, donde el colorante queda fijado.

El sistema inmunitario, que "quiere salvarme de los millares de punzadas que estoy recibiendo en estos momentos, primero cierra las cavidades realizadas por las agujas y luego, al detectar la tinta como un elemento externo, interactúa con ella para intentar eliminarla", explica Rachel Feltman, periodista científica del Washington Post, mientras la graban tatuándose en un vídeo realizado por la Sociedad Americana de Química.

El sistema inmunitario pone a trabajar a los macrófagos, células que se encargan de detectar, destruir y engullir a los patógenos; en este caso, intentan atrapar al pigmento para destruirlo y eliminarlo del cuerpo a través del sistema linfático. Pero las partículas de tinta tienen diversos tamaños; las más pequeñas sí que son absorbidas -por lo que se explica que el tatuaje vaya perdiendo definición a medida que pasan los años-, pero la mayoría son demasiado grandes como para ser capturadas y se quedan fijadas en la dermis.

En las primeras semanas, el tatuaje sufre una degradación muy rápida respecto al momento en el que se acaba de hacer, que es cuando está más brillante. Esto se debe a que durante los primeros días se eliminan esas pequeñas partículas de tinta y la superficie de la epidermis, que contiene restos de color, se regenera. Así es como el dibujo obtiene un tono mate, "pero no hay de qué preocuparse, la tinta se quedará ahí", afirma Feltman, que muestra su recién estrenado símbolo astronómico de Plutón en la muñeca izquierda. 

Qué hacer cuando llega el arrepentimiento

Pero los tatuajes no tienen por qué ser para siempre: en los últimos años han mejorado mucho las técnicas láser para eliminar la tinta de la dermis y cada vez son más las personas que quieren hacer desaparecer su rastro de la piel. "La mayoría vienen movidos por motivos laborales, pero también hay un gran número de gente que lo hace poco después de una ruptura sentimental", explica a Big Vang Enrique Ramos, responsable la clínica de eliminación de tatuajes KlynInk.

La técnica se basa en una máquina láser que emite una radiación sobre la piel que fragmenta las partículas de tinta hasta que son lo suficientemente pequeñas como para que las células macrófagas puedan capturarlas y enviarlas al sistema linfático, encargado de eliminarlas del cuerpo. La longitud de onda emitida depende del color del tatuaje ya que cada tono cromático absorbe distinta cantidad de luz: para el negro se requieren 1.064 nanómetros, mientras que para el resto de tonos alrededor de 532.

El efecto visual es inmediato: al aplicar el láser se ve cómo la piel se aclara. Pero una sesión, que dura unos 45 segundos dependiendo del tamaño y cuesta mínimo 40 euros, no es suficiente. Una vez las partículas de tinta han sido quebradas, el cuerpo necesita alrededor de 45 días para eliminarlas. Respetando este período de descanso, se realizan hasta 10 sesiones más para fragmentar el mayor número de partículas posible en función de la zona. Las partes del cuerpo que resultan más problemáticas son las extremidades, ya que es donde el flujo sanguíneo es menor y por tanto cuesta más eliminar la tinta.

Se trata de un proceso largo, caro y doloroso, "bastante más que tatuarse", según el experto, que añade que además "es imposible ofrecer una piel que quede exactamente como estaba antes. Normalmente se ronda entre el 85 y el 90% de recuperación", explica. 

Los visitantes se pueden tatuar en el mismo recinto (Propias)

 Comparte en Facebook  Comparte en Twitter 

Publicado: 1 de Junio de 2016 a las 09:20