El protagonista de esta tragicomedia se llama (se llamaba, como veremos) Billy Gibby y vendió cara su ídem al diablo de la publicidad a cambio de 15 minutos de fama y un puñado de dólares.

Hoy, con el rostro convertido en un patético tablón de anuncios, en paro y maníaco depresivo, no puede ni usar legalmente su nombre: se lo cambió por dinero por el de un proveedor de servicios de Internet. Busca desesperadamente financiación para el costoso y laborioso tratamiento que le elimine los tatuajes de la cara y le devuelva de paso la dignidad.

Billy Gibby (32 años, casado, padre de cinco hijos y vecino de Anchorage, Alaska), era, a mediados de la década pasada, un boxeador amateur (obsesionado con la figura de Rocky Balboa) y aficionado a las carreras de larga distancia que se ganaba la vida en trabajos esporádicos. En el deporte, en la vida, Billy siempre se movió por impulsos.

Uno de ellos le llevó a donar un riñón a un desconocido. Como suena. Y ahí fue cuando se le torció el destino.

Para afrontar unos gastos médicos derivados de la intervención, a Gibby no se le ocurrió mejor cosa que tatuarse el nombre de un casino online en la espalda a cambio de 10.000 dólares. Fue su primera (y más rentable) operación.

Animado por el éxito, y con la necesidad de mantener a su cada vez más numerosa prole, Billy empezó a vender “espacios” de su cara. Pasó a ser conocido como Branding Billy (Billy El Marcas) y se convirtió en una pequeña celebridad local y en un “freak” a nivel global.

La revista “Bizarre” (raro) le dedicó un reportaje, se convirtió en un personaje casi residente de la web “Oddity Central” (central de rarezas), protagonizó un episodio del programa “20/20” de la cadena de televisión ABC… Incluso clamó –en vano, no existe esa categoría– porque el “Libro Guinness” le certificara como la persona con más tatuajes publicitarios del mundo.

Billy llegó a acumular 38 tatuajes, 20 de ellos en la cara (algunos, hechos sobre otros cuya actividad comercial había cesado), la mayoría logotipos y direcciones webs de sitios relacionados con la pornografía. En el caso de Billy, el tatuaje, marca indeleble que la gente se hace para expresar de forma más o menos artística su vinculación con una filosofía, un modo de vida, una cultura, un ser querido… quedaba reducido a una grosera operación mercantil. Y, aún peor, la vista de todo el mundo.

Las tarifas se fueron reduciendo y del mil dólares pasó a 300; y de 300 a 75. El negocio estaba de capa caída. Acuciado por las facturas se cambió legalmente el nombre por el del proveedor de servicios de alojamiento web Hostgator Dotcom. “El juez me preguntó que si lo hacía para pagar una deuda y yo le dije que lo hacía para evitar verme endeudado”, contaba recientemente a The Anchorage Press.

En su desespero llegó a ofrecer su frente a la web Buzzfeed por 800 dólares (el ajustado precio incluía un nuevo cambio de nombre, esta vez a  ”Buzzfeeddotcom Buzzfeeddotcom Buzzfeeddotcom”).

Sin cara y sin nombre, para colmo a la persona antes conocida como Billy Gibby le diagnosticaron trastorno bipolar, condición a la que, a posteriori, achaca gran parte de sus problemas. Pero, incluso centrado y bajo tratamiento, parece que “El marcas” no escarmienta.

Necesita 4.000 dólares para que un especialista le borre los tatuajes de la cara. En total 18 sesiones, una sesión cada dos meses. ¿Qué ha pensado para conseguir el dinero? Está ofreciendo a los anunciantes tatuarse otras partes de su cuerpo. “Tengo sitio en los brazos, las manos, el pecho y las piernas”, dice.

Con información de BuzzFeed y The Huffington Post.

Publicado: 26 de Abril de 2016 a las 16:54