Nada es para siempre. Ya ni tan siquiera los tatuajes. Bastan siete minutos -y hasta 3000 euros- para desprenderse de un amor del pasado o de un dragón chino que ya no dice nada.

Alessandro Naviglio, italiano afincado en Cantabria, tiene 34 años, es organizador de eventos y hasta hace unos meses lucía en su piel cuatro tatuajes. Un lagarto de diez centímetros en el cuello, un trival y un brazalete en el brazo derecho, y una figura abstracta en la espalda. «Me hice los tatuajes hace tiempo. No me arrepiento pero quiero borrarlos porque la gente me juzga de diferente manera. Te miran con otros ojos y más si vas buscando trabajo». Grabarse el lagarto le costó, hace seis años, 150 euros. Quitarlo, en cuatro sesiones de siete minutos cada una, el doble.

Hace tiempo el tatuaje, que tiene su origen en la palabra polinesia 'ta' (golpear) o 'tau-tau' (choque entre dos huesos), era una encarnación de moda. Un toque de distinción. Incluso llegó a ser una forma de expresión y creatividad. Pero ahora 'amor de madre' va perdiendo color. Cada vez son más las personas que pasan por un centro dermatológico para decir adiós a una etapa olvidada de su vida. «El primer tatuaje me lo hice con 22. Era joven e inconsciente. A veces se hacen tonterías», explica Naviglio.

El jefe de servicio de dermatología en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, Héctor Fernández Llaca elimina entre cuatro y cinco tatuajes al mes. «Hay gente que se hace un grabado y al día siguiente se arrepiente, jóvenes que se tatúan sin consentimiento de sus padres y dibujos que pierden sentido: Pepita ya no existe, entonces elimino el nombre o el tatuaje de la piel». Emma Rodríguez lleva tres años quitando tatuajes en diferentes centros estéticos de Santander y asegura que «en el último año ha aumentado un 20% el número de clientes que, por aburrimiento, deciden quitarse el tatuaje. También es cierto, que vienen muchos por motivos laborales. Jóvenes que se van a presentar a una oposición para policía y quieren eliminarlo por exigencias. Después hay quienes se dan dos o tres sesiones para hacerse otro encima». El perfil del cliente que quiere decir adiós a una huella de tinta negra es de «entre 25 y 45 años».

Un problema común con los 'body art' es la insatisfacción y el deseo de eliminarlos. «De lo que no son conscientes es de que quitarlo puede resultar más difícil y doloroso que ponérselo. ¡Y mucho más caro!», apunta Llaca.

La total desaparición de un grabado depende de factores como el color, tamaño, antigüedad, tinta empleada y profundidad.

Una huella indeleble

El dermatólogo Fernández Llaca explica que la eficacia del tratamiento depende también del profesional que tatuó al paciente. «Los dibujos grabados por expertos son los más complicados de eliminar porque emplean mayor cantidad de pigmentos. Pueden ser necesarias hasta 12 sesiones con intervalos de 3 meses». Por el contrario, los tatuajes de 'aficionados' contienen tinta a base de partículas de carbón y, en general, menor cantidad de pigmento que los expertos. La eliminación se complica con los tatuajes cosméticos. Muchas mujeres se perfilan el contorno de los labios, las cejas o los ojos y el color empleado es el marrón, rojo y carne. En estos casos, la presencia de óxido de hierro y óxido de titanio hace que el tatuaje se vuelva oscuro y, en ocasiones, negro.

En el campo de la sanidad existen diferentes técnicas para borrar los tatuajes. Escisión o dermoabrasión (procedimientos quirúrgicos que dejan cicatrices) y láseres Q-Switched, que son capaces de llevar a cabo una emisión muy breve, del orden de nanosegundos, con una elevada potencia instantánea.

«Yo hace 30 años borraba los grabados con sal gorda. Frotaba hasta que iba desapareciendo el dibujo. ¡Costaba Dios y ayuda!», cuenta Llaca. Hoy en día eliminar ciertos grabados también es misión imposible. «Un brazo, una espalda o medio cuerpo lleno de tatuajes es muy complicado de quitar. Algunos tardan año y medio en desaparecer». Además, resultaría un desembolso económico importante. Cada sesión, dependiendo del tamaño del grabado, puede costar unos 150 euros. La media de sesiones que debe realizarse con cada tatuaje es de doce. Resultado: 1800 euros para decir adiós a aquel original 'body art' que hace un tiempo te entusiasmó y que ahora ya no significa nada.

Publicado: 26 de Abril de 2016