Los tatuajes pierden color. Los problemas que causan para encontrar empleo y las muchas complicaciones de salud que provocan llevan cada vez a más jóvenes, especialmente a partir de los treinta años, a buscar la manera de eliminar para siempre el grabado del que un día se creyeron inseparables. El borrado es hoy posible mediante el uso de técnicas láser, aunque en muchos casos el pasado siempre deja alguna huella.

La crisis, más que la prevención de enfermedades, está resultando determinante. «La demanda ha aumentado, sobre todo, por motivos económicos», explica Esther Roy, portavoz de una clínica de Madrid especializada en la supresión de tatuajes. Según esta experta, la creciente dificultad para encontrar empleo lleva a muchísimos jóvenes a plantearse la necesidad de acabar con ellos.

Adiós a los dibujos góticos, nombres del pasado y emblemas de otro tiempo. Es una mera cuestión de imagen pero tampoco hay que engañarse: lejos de ayudar, los tatuajes entorpecen el objetivo de encontrar un trabajo remunerado. Algunos estudios sociológicos apuntan a que más de la mitad de las personas, especialmente las que lucen imágenes más o menos pequeñas, se arrepiente en un momento de su vida de la decisión de haber tatuado su cuerpo.

La creencia más extendida es que los grabados más complejos no se pueden quitar; y de hecho hay centros donde así se lo aseguran al cliente. Lo cierto, según Esther Roy, es que todo dibujo, por complicado que sea, puede arrancarse; eso sí, no sin que la piel se resienta. Los más difíciles son los que llevan tintas de color, con tonos verdes, azules claros, amarillos, naranjas y fluorescentes.

Deshacerse de un tatuaje, por otra parte, no es algo tan sencillo -ni tan barato- como frotarse la piel con una piedra pómez. Es un proceso caro, largo y que, en muchas ocasiones, dejará una marca imborrable en forma de señal brillante en la epidermis. Los láseres más modernos, con nuevas longitudes de onda, permiten tratar y eliminar todos los tatuajes prácticamente sin dejar cicatrices, aunque el proceso, en función del tamaño de la mancha, pueda prolongarse durante meses. El precio de las intervenciones con láser oscila entre los 700 y los más de 6.000 euros, aunque existen otras técnicas más asequibles, como la cirugía plástica, que por contra pueden dejar cicatrices más antiestéticas.

Cuestión de salud

Por desgracia, la salud pesa menos a la hora de tomar la decisión de borrar definitivamente con el pasado, cuando en realidad debería tenerse muy en cuenta desde el momento mismo en que uno decide usar su cuerpo como mural. Los tatuajes, como los piercings, rompen la barrera de protección natural del cuerpo humano, compuesta por la piel y las mucosas y favorecen la aparición de infecciones. No sólo cuando se confeccionan, sino a lo largo de su vida. La lista de posibles problemas de salud es larga: un grabado hecho en condiciones inapropiadas puede favorecer la aparición de lesiones malignas, melanomas, lepra, sida y hepatits B y C.

Algo quizás menos conocido es que cada vez más profesionales sanitarios se niegan a poner la anestesia epidural a las mujeres que los lucen a la altura de la región lumbar, donde se ponen las inyecciones. Si la tinta del tatuaje penetrara en el espacio medular podría infectarse el espacio raquideo y la mujer sufrir una complicación tan grave como una meningitis. La solución que suele adoptarse en estos casos consiste en practicar un pequeño corte para separar bien la piel antes de introducir la aguja. Pero no siempre es posible ni los especialistas se arriesgan a hacerlo. En consecuencia, un tatuaje en esta zona, que es algo muy común, puede llevar a una parturienta a tener que dar a luz por el método tradicional, es decir, sin analgesia.

Con los piercings ocurre algo parecido. Uno de cada cinco aros de los que se lucen en la boca provoca infecciones y rotura de dientes; y ese porcentaje crece cuando se trata de operaciones practicadas en la oreja y el tabique nasal. En estos casos, el hecho de que el adorno se encuentre en una zona húmeda favorece la aparición de problemas de salud. Los piercings, y existe ya mucha literatura científica al respecto, favorecen la aparición de infecciones, hemorragias, desgarros, reacciones alérgicas... Merece la pena pensárselo dos veces. Antes y después de pasar por un centro de tatuado.

Publicado: 26 de Abril de 2016